domingo, 12 de noviembre de 2017

EUGENEALOGIA O COMO HACER UN LIBRO SOBRE TU GENEALOGIA FAMILIAR


Muchos de nosotros ya tenemos bastante información sobre nuestros antepasados y nos gustaría dar un paso más allá y poder recoger toda esta información en un libro que quede para nuestras generaciones posteriores, pero hay algo que nos echa para atrás, y yo creo que es saber por donde empezar, que datos ponemos ,como organizamos toda esa información.
Eugenio Coll lo consiguió publicando un libro llamado " El origen del apellido Coll en Beniel", aparte de este libro, nos ha pasado una información muy valiosa a todos los compañeros de Zumbados, como no deja descargarlo a continuación, os transcribo lo que pone.
Además lleva la pagina web llamada Eugenealogia, donde vienen entradas sobre miembros de su propia familia.

Estructura del libro

 La forma en que está redactado este estudio, es la siguiente. En primer lugar, hay una introducción con explicaciones sobre la metodología empleada y nociones de genealogía en general. Se trata de situar al lector en el tipo de lectura al que se va a enfrentar y de darle información sobre algunos hechos y tecnicismos que se van a encontrar en el libro. Seguidamente se hace una relación de todos los hermanos de su padre y los de su madre con toda su descendencia, esto es los primos hermanos de los sujetos principales de investigación. Este apartado es importante puesto que para todas las personas que integran este grupo, el árbol genealógico supone la mitad de su genealogía. A falta de los antepasados del cónyuge. Además de los sujetos principales y de sus primos hermanos reflejamos aquí su descendencia, como dato importante puesto que dará al libro una prospección en el tiempo que abarcará a muchas familias en un futuro.

Según la esperanza de vida actual, entre ochenta y noventa años, la mayoría de los sujetos principales de esta genealogía habremos muerto para el año 2070, y nuestros descendientes puede que tengan tras de sí hasta dos generaciones más. En ese caso el estudio que aquí presentamos será de vital importancia para completar la historia familiar de estas nuevas generaciones que con muy poco esfuerzo recogerán información sobre sus padres, abuelos y bisabuelos. También les puede servir como guía para investigar el resto de su genealogía, por parte de padre o por parte de madre.
 La intención del autor es prolongar en lo posible el interés y la vida útil de esta investigación. Los primeros capítulos versan sobre la persona o personas principales del árbol genealógico. En este caso se trata de los hermanos Coll del Rey. Grupo en el que se incluye el autor, Eugenio Coll del Rey. Todos ellos componen la primera generación. A partir de estas primeras relaciones de sujetos principales del estudio y su descendencia, comienza el texto a describir la segunda generación. Sobre la que  más datos tenemos, y por tanto la más completa. Se trata de las biografías de nuestro padre y de nuestra madre. Incluirá, por supuesto, la estructura básica de la vida de una persona, que son sus datos de vida o fechas de nacimiento, matrimonio y defunción, así como los lugares donde tuvieron efecto los mismos. Pero en el caso de nuestro padre y nuestra madre, hay muchísima información sobre su vida, gran parte de la cual, hemos presenciado personalmente. Esta información se completa con anécdotas recogidas en nuestra propia experiencia con ellos, y otras contadas por los propios protagonistas, sobre hechos y ocurrencias de su infancia y juventud. Estos dos apartados son muy amenos y serán de un gran interés para todos los sujetos principales del estudio.
A continuación, se describe los datos básicos o estructura de vida básica de la tercera generación. los abuelos paternos y maternos. Cuatro personas sobre las que sabemos bastante menos que sobre los padres, aunque en algún caso hemos convivido con ellos. Seguimos con el capítulo dedicado a la cuarta generación. Los ocho bisabuelos. Primero hay una relación tan solo con sus nombres y su número anhentafel*, y a continuación se abre un párrafo con la información conocida de todos ellos
.
Hasta esta generación, la información recabada es muy completa, dado que parte de ella nos la han dado personas que los conocieron en vida, y que son básicamente nuestros padres y tíos. Sin embargo, a la mayor parte de los interesados va a sorprender la información contenida en este apartado puesto que las vidas de sus bisabuelos, como ya apuntamos al principio de esta introducción, es desconocida para muchas personas. A lo largo de esta investigación, hemos ido recopilando fotografías de todos estos familiares. Las fotos proceden de los arsenales privados que cada familia suele atesorar. Se trata de fotografías antiguas, alguna muy deterioradas, que hemos digitalizado y clasificado devolviendo los originales a sus dueños, que tan amablemente las prestaron para este fin. Algunas imágenes han sido retocadas para corregir defectos producidos por los años y accidentes, tales como grietas, enmendaduras o manchas. El contenido gráfico de este libro lo debemos a la colaboración de cuantos familiares han prestado sus álbumes. Es una de las características del estudio más llamativas y valoradas, aunque tan solo se refiere a personas nacidas a finales del siglo XIX y al siglo XX, puesto que más allá no existía el invento de la fotografía. Junto a la descripción de los padres, abuelos y bisabuelos podremos ver imágenes de estos. Además, a lo largo de todo el libro hemos incluido muchas fotografías que no tienen nada que ver con los sujetos de los que se habla en esas páginas,   puesto que no existían imágenes. Son más de 160 fotos de multitud de familiares, primos, tíos, hermanos de abuelos y bisabuelos y otros, muy útiles para reavivar recuerdos y documentar la vida de esta gran familia relacionada con los Coll del Rey.
 La quinta generación, en el capítulo siguiente, contiene los antepasados con los números 16 al 31, ambos inclusive, y corresponde a los terceros abuelos o también llamados tatarabuelos. Al principio de este capítulo exponemos un cuadro con los ascendientes, desde la segunda a la quinta generación. Se inicia esta generación en el segundo tercio del siglo XIX y en algún caso vivieron los principios del siglo XX. De estos apenas se conoce algo en el grueso de nuestra familia, y toda la información conseguida será novedosa. Se compone el capítulo de un párrafo para cada antepasado, que se inicia con el número de orden y el nombre completo de este. A continuación, vienen los datos básicos o estructurales de su vida, y poco más se puede añadir. En el mismo párrafo nombramos a los padres del estudiado, y al nombrar al cónyuge, se detalla la fecha y lugar del matrimonio y los nombres de todos sus hijos conocidos. Esta descendencia no siempre es completa puesto que no han sido desde el principio el motivo de esta investigación. Pero es inevitable que, al buscar las fechas de nacimientos o defunción de alguno de ellos, tropezamos con las de hermanas y hermanos suyos, los cuales identificamos gracias a los apellidos y los nombres de padres y abuelos comunes. Estos datos que son hallazgos casuales, no se pierden, sino que las recogemos aquí por ser una importante fuente de información sobre la vida que llevaron sus padres. Si tuvieron muchos o pocos hijos. Cuántos de estos superaron la infancia. Si la madre murió a consecuencia del parto del último hermano, etcétera. Además, reflejamos en estos párrafos de tatarabuelos los otros matrimonios localizados de la persona en cuestión, como segundas nupcias o primeras nupcias y muerte del cónyuge antes de la boda con nuestra tatarabuela o tatarabuelo.
Pasamos a la sexta generación; los cuartos abuelos. Estos sí son completamente desconocidos para todos los que componen esta familia en la actualidad. También en este capítulo podemos ver un cuadro con el árbol genealógico desde la tercera hasta la sexta generación. Sus números de orden son del 32 al 63, ambos inclusive. Por lo tanto, se trata de 32 personas, 16 parejas, de quienes descienden nuestro padre y madre, y por lo tanto también los sujetos principales de este estudio. Al principio del capítulo, como en los anteriores hay una lista de todos los componentes de esta sexta generación. Seguidamente cada antepasado con su número de orden se describe según los datos de los que se dispone sobre su nacimiento matrimonio y defunción.
 El siguiente apartado del libro es el más amplio. En él se describe al mayor número de personas de esta ascendencia. Se empieza con una lista de los 64 antepasados de la séptima generación, también llamados quintas abuelas y quintos abuelos. Desde el 64 a la 127. Con las excepciones de los padres de Diego Abellán (36), que serían los números 72 y 73. Nada sabemos de esta familia, que, al parecer procedían de Orihuela. La investigación en esta ciudad de Alicante es difícil puesto que sus registros no estaban accesibles. En el año 2015 se anunció la digitalización del archivo diocesano de Orihuela, que incluye libros sacramentales de parroquias de la provincia de Alicante. Sin embargo, el acceso a este archivo digital no es libre, como en el caso de los que digitalizan los mormones. Hay que solicitar cada registro a la diócesis de Orihuela, que los busca y lo remite previo pago de una cantidad por cada documento. Esto provoca dos problemas, principalmente. El primero el pago por documento significa una gran cantidad de gastos para una investigación en la que necesitamos localizar cientos de ellos. El otro gran problema es que las búsquedas siguen una metodología de rastreo de documentos cuyas fechas se basan en conjeturas fruto de la práctica del investigador y en las costumbres de la época. Estas búsquedas tediosas y complicadas no las suele hacer un párroco o un archivero diocesano poco acostumbrado a esta tarea. En la ascendencia de mi abuelo materno Eugenio del Rey Sáez (6), el estudio se interrumpe en esta séptima generación, por lo que pocos datos se puedan dar de los quintos abuelos salvo el nombre de pila y el primer apellido. Esto se debe a que la parroquia de Santa Quiteria, del pueblo albaceteño de Higueruela fue saqueada los primeros días de la Guerra Civil Española y sus libros completamente quemados. La única fuente de información para nacimientos matrimonios y defunciones es la del Registro Civil. Este registro se inicia en 1871, luego no podemos tener datos sobre fechas anteriores. En el caso de 48 Antonio del Rey y 49 María Navalón ni siquiera tenemos los nombres de sus padres, luego no se van a describir los números 96, 97, 98 y 99. 102 Tomás Martínez, 103 Nicolasa Rodríguez, 104 Juan Sáez, 105 Luisa Almendros, 106 Esteban Bueno, 107 Joaquina Martínez, 108 Antonio García, 109 Isabel Bueno, 110 Blas Serrano, 111 Catalina Abellán. De estos tan solo tenemos el nombre de pila y primer apellido. En la familia de la abuela materna también hay serias lagunas para los quintos abuelos 124 Antonio Sánchez y125 María Piñol. Son procedentes de Elche y en esta ciudad también hay escasez de registros porque fueron destruidos. En la parroquia de El Salvador de esta ciudad, un incendio antes de la guerra destruyó todos los libros.
 Salvo los antepasados nombrados en el párrafo anterior, en este capítulo cada uno de los quintos abuelos se describe junto con sus ascendientes hasta la décimo primera generación. La generación 11 es la de los tatarabuelos de nuestros quintos abuelos. En algún caso se incluye hasta la generación doce y la trece. Al principio de cada apartado del capítulo hay un cuadro sinóptico con llaves, donde se puede ver de una vez al quinto abuelo en cuestión con toda su ascendencia conocida. Seguidamente se exponen todos los datos que se conocen de él o ella, y a continuación los de sus padres, abuelos y demás antepasados, cada uno con su número de orden y sus datos vitales conocidos. Como ya hemos señalado, este capítulo es el más extenso del libro y contiene una profusión de datos totalmente desconocidos sobre nuestra genealogía personal. Un estudio genealógico es un trabajo vivo, siempre en construcción, y continúa creciendo, siempre dependiendo de la dedicación del autor e investigador, lo cual en gran medida depende a su vez de la disponibilidad de registros donde buscar y del tiempo libre de que se disponga.

IRREGULARIDAD DE LOS APELLIDOS ESPAÑOLES HASTA EL SIGLO XIX


Os ponemos este interesante aspecto de la genealogía , la formación de los apellidos y como ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, estupendo discurso de ingreso en la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía del Sr .D. Jaime de Salazar y Acha "Génesis y evolución Histórica del apellido en España (1991)


Durante el Imperio Romano, el uso de los nombres y apellidos era diferente al que conocemos en la actualidad. Se utilizaba primero el Nomen, equivalente al nombre o características físicas descriptivas, de índole tradicional. Luego, en el medio, iba el Cognomen, que constituía el apellido o linaje de la familia. Finalmente, figuraba el Agnomen, que era descriptivo de alguna cualidad, oficio, carácter personal o defecto de la persona. A veces se anteponía un Preagnomen antes del Nomen, para añadir alguna cualidad especial o mérito notorio. Un ejemplo del sistema romano de identificación personal es el de Cayo Julio César, cuyo nombre romano completo era: Gaius Iulius Caesar. Gaius era el Nomen, que significaba "bonito", "bello", "apuesto". Iulius era el Cognomen, que indicaba que procedía del linaje o familia Iulia (Julia). Finalmente, Caesar significaba "de pelo largo" en el idioma latín, lo que pudo describir una característica física al nacer, o quizás alguna cualidad tradicional, puesto que Julio César se quedó calvo al llegar a su edad adulta. Este sistema se aplicó por ley a todo el Imperio Romano, incluyendo a la Hispania, que comprendía la Península Ibérica. Antes de esta época se tienen pocos datos de los pueblos pre-romanos, que fueron los iberos, los celtas, los vascos, y los colonos fenicios, griegos y cartagineses.
Con la llegada de los pueblos de origen germánico a la Península Ibérica, y el posterior final de la dominación romana, fue desapareciendo paulatinamente este sistema de identificación personal, persistiendo los nombres romanos, mezclados con los germánicos, simplificándose con el uso de un nombre, seguido del patronímico terminado en las letras "ez", que era el equivalente a la palabra germánica "son", que significa "hijo". Así Rodriguez significa "hijo de Rodrigo" y López significa "hijo de Lope". Asimismo hay palabras que se pueden usar tanto como nombre o como patronímico, siendo ejemplos Gómez o García. Luego, comenzaron a usarse otros medios de identificación, refiriéndose al toponímico, o lugar de origen, o a alguna característica física, defecto, o cualidad personal. Por tanto "Lope Íñiguez de Mendoza" significaba entonces "Lope, hijo de Íñigo, señor del lugar de Mendoza".
Los apellidos españoles, como los de otros países europeos, comenzaron a ser utilizados a partir de los siglos XI y XII.
A mediados del siglo XII empieza a aparecer entre los grandes señores de Castilla y León la costumbre de firmar en la documentación, siguiendo a su nombre y patronímico, el nombre del lugar cuyo gobierno ejercen. Esta fórmula suele utilizarse intercalando las más de las veces, entre el patronímico y el lugar de gobierno, la preposición en, es decir, Rodrigo Fernández en Astorga, Álvaro Rodríguez en Benavente, Pedro Rodríguez en Toro; pero a veces se suscita el problema cuando el escriba emplea, para significar lo mismo, la preposición de, y hay que saber diferenciar entonces lo que es el gobierno de un lugar, de un incipiente nombre de linaje. Este nombre de linaje que surge en estos tiempos se va implantando en la alta sociedad medieval y podemos decir que está perfectamente establecido, con la aquiescencia de todos, en la segunda mitad del siglo XIII.
Asimismo hay que indicar la costumbre de que la mujer conserva su propio apellido después del matrimonio. Además, si el linaje materno es de mayor importancia que el paterno, los hijos llevan el apellido de la madre, desapareciendo él del padre. Esta situación puede producirse espontáneamente o por capitulación matrimonial, apareciendo así  nuevos linajes.
Finalmente, llegado el siglo XIV los patronímicos pierden su significación original, pasando a unirse inseparablemente al nombre de la persona para hacer homenaje a un antepasado de relevancia. Así, en honor al asesinado pariente Íñigo López de Orozco, muchos Mendozas son llamados "Íñigo López" aunque su padre no se llemara Lope, y en honor al Gran Cardenal y al muerto en Aljubarrota, otros son llamados "Pedro González" aunque su padre no se llamara Gonzalo.
El caos que existió en España durante la Edad Media, en el uso de los apellidos, ha puesto a prueba la paciencia de los historiadores y los genealogistas, haciendo muy difícil identificar los protagonistas de la historia y establecer las genealogías con resultados satisfactorios. Esta irregularidad llegó a ser casi una anarquía, extendiéndose, no sólo a las familias de rancio abolengo, sino a los estratos sociales más pobres, e incluso a los conversos a la fe cristiana, perdurando también en América hasta bien entrado el siglo XVIII.
Un típico ejemplo de esta irregularidad de apellidos es evidente en los hijos e hijas de Don Íñigo López de Mendoza (1398-1458), mejor conocido como el marqués de Santillana, y de su esposa doña Catalina Suárez de Figueroa. La sucesión fue la siguiente:
Diego Hurtado de Mendoza
Íñigo López de Mendoza
Lorenzo Suárez de Figueroa
Pedro González de Mendoza
Pedro Hurtado de Mendoza
Juan Hurtado de Mendoza
Pedro Lasso de la Vega
Mencía de Mendoza
María de Mendoza
Leonor de la Vega
De todos los hijos mencionados, siete de ellos ostentaban el apellido paterno de Mendoza; dos llevaban el apellido paterno de la abuela, de la Vega; y uno tenía el apellido materno de Figueroa. Resulta un consuelo saber que los castellanos del siglo XV también se confundían con este enredo de apellidos. En 1475, un escribano real se refirió a un hermano del duque del Infantado como "Lorenzo Suárez de Mendoza". En su testamento, el duque llamó al mismo hermano "Lorenzo Suárez de Figueroa".
Sin embargo, este caos existió dentro de ciertos límites. En la familia, algunos nombres se combinaban solamente con ciertos apellidos determinados. Por ejemplo: siempre Íñigo López, nunca Íñigo González o Íñigo Hurtado; Pedro González o Pedro Hurtado, pero nunca Pedro López de Mendoza; Garcilaso de la Vega, pero nunca Garcilaso de Mendoza. En el año 1550, este pequeño número de nombres tradicionales había aumentado hasta alcanzar la cifra de más de cuatrocientos miembros de la familia, muchos de ellos con los mismos nombres y apellidos repetidos, lo que ha resultado en una desesperación para los historiadores.
A partir de 1492, el problema se complicó con la costumbre de otorgar los nombres y apellidos de los padrinos o testigos bautismales a los judíos, y a los moriscos adultos, conversos a la fe cristiana, por lo cual era común encontrar un miembro de la familia Mendoza rodeado por varios homónimos conversos, que eran su secretario, su médico, y su recaudador de impuestos. De ahí que muchos descendientes de judíos conversos (marranos), ostenten también apellidos de hidalgos, tales como: Ávila, Calderón, Correa, Guzmán, Mendoza, Pereira, Toledo, Torres, y Vargas. Algunos de estos apellidos, especialmente en Portugal y en América son generalmente de origen "marrano", tales como: Calderón, Correa, Pereira, y Torres.
Esta irregularidad en los apellidos se conoce como la época anárquica en España, y se extendió hasta bien entrado el siglo XVIII. Durante el reinado del sabio rey español Carlos III de Borbón, se empezó a establecer la época reglada en España. Se adoptó la actual bandera española, de colores roja y gualda (roja y dorada), y se hizo oficial la marcha real como el himno de la nación. También, se estableció el sistema de nombres y apellidos que está en uso actualmente. No fue hasta el siglo XIX, cuando se puede decir que se dejó de utilizar definitivamente la antigua anarquía de los apellidos.
Asimismo influye en la elección del apellido el fenómeno de la herencia a través de la institución de los mayorazgos desde finales del siglo XIV. La fundación de un mayorazgo tenía por objeto el mantener unido un patrimonio que, en otras condiciones, a través de sucesivos repartos, habría condenado a la descendencia a un descenso en la categoría social. Para proteger esta perduración del linaje y para asegurar su lustre social, los testadores establecen todo tipo de cláusulas sucesorias, que coartarán la libertad de sus herederos. Así, no solamente se prohibía a los sucesores cualquier posible enajenación del patrimonio vinculado, sino que, además, se les imponía el uso de apellidos y armas y muchas veces, incluso, las personas con las que habrían de casar. Todo ello nos pone en evidencia la gran preocupación que aquellos hombres tenían por todo lo referente al linaje.
En Castilla son frecuentes los mayorazgos que imponen uso de apellido y armas, entre ellos casi todas las casas de la Grandeza, y todavía está fresca la memoria de personajes que han conocido nuestros abuelos y cuyos apellidos se debían a imposición de mayorazgos. La Emperatriz Eugenia, por ejemplo, se apellidaba Guzmán, su hermana mayor la Condesa de Montijo -luego Duquesa de Alba-, Portocarrero, y el abuelo paterno de ambas Palafox, aunque Rebolledo de origen. La razones de estos cambios eran que en la casa de Ariza había que llamarse Palafox, en la de Montijo, Portocarrero, y en la de Teba, que tocó a la Emperatriz Eugenia por incompatibilidad de su mayorazgo con los demás de su hermana mayor, el poseedor estaba obligado a llamarse Guzmán. Pero por no saber esto, es difícil encontrar un biógrafo de la Emperatriz que no corrija rápidamente los apellidos de ésta cuando se entera de que sus padres se llamaban Portocarrero y Kirkpatrick, que es como, sin embargo, no se llamó nunca la última Emperatriz de los Franceses.
Por todo lo anterior, es absolutamente inapropiada esa costumbre "actual" de hablar de los Téllez Girón, los Hurtado de Mendoza, los Álvarez de Toledo o los Fernández de Córdoba, para aquellos tiempos, y no de los Girones, los Mendozas, los Toledos, y los Córdobas, que es como entonces se decía, pues -repito una vez más- el patronímico, en este tipo de apellidos, sólo se utilizaba cuando iba inmediatamente después de un nombre de pila.
La situación anterior finalizó con la Ley de Registro Civil de 17 de junio 1870 establecía (articulo 48) que todos los españoles serían inscritos con nuestro nombre y los apellidos de los padres y de los abuelos paternos y maternos. La inclusión en el nuevo Código Penal de dicho año del delito de uso de nombre supuesto vino a consagrar como únicos apellidos utilizables los inscritos en el Registro Civil. Esta fórmula se consagró jurídicamente con la nueva redacción de la Ley de Registro Civil de 8 de junio de 1957, que dio carta de naturaleza a esta costumbre únicamente española, pues ni siquiera en Hispano-américa rige, de utilizar los dos apellidos, paterno y materno, que según la propia normativa deben ir separados por la conjunción copulativa y, lo cual nunca se ha aplicado con rigor. Es también a partir de esta fecha cuando todo cambio o unión de apellidos se deberá llevar a cabo mediante expediente instruido de forma reglamentaria ante el Ministerio de Justicia. Modificaciones posteriores a la ley permiten desde los años 80 del siglo XX que se pueda anteponer el apellido materno al paterno, si la persona lo desea y lo solicita al alcanzar la mayoría de edad.

[Bibliografía]: del discurso de ingreso en la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía de don Jaime de Salazar y Acha "Génesis y evolución histórica del apellido en España" (1991).


lunes, 6 de noviembre de 2017

BUSCADOR ARCHIVO DE PROTOCOLOS DE GIPUZKOA


Es un gran trabajo el que desarrollan en el Archivo de Oñati, donde reúnen tanto los Archivos de Protocolos de Gipuzkoa como el Archivo General de Gipuzkoa, aquí tenéis un buscador donde ponéis el apellido y las fechas que queréis buscar y os salen todos los archivos referidos a los mismos, luego con la referencia podéis pedir al Archivo que os manden los documentos.
En este precioso palacio está situado el Archivo.

Foto de www.gipuzkoa.eus

La descripción de los fondos notariales que viene en su página web es bastante detallada englobándose en 3 distritos (Azpeitia, Bergada y Gipuzkoa, y cada una está subdivida por Escribanías y Notarías.

Como siempre también esta puesto este enlace en nuestra base de datos, sección Archivos


Blasones y linajes de la provincia de Burgos


Recogemos en nuestro blog la noticia Francisco Oñate analiza los blasones y linajes de Castrojeriz y Villadiego, recogida en El correo de Burgos. Trabajos como este son siempre de gran interés y ayuda para los genealogistas.

Mundo gráfico


Mundo gráfico es una publicación que se editó en Madrid entre 1911 y 1938. A los que nos une el gusto por la genealogía y a su vez por la prensa del corazón, tenemos en esta revista una magnifica oportunidad de juntar ambas aficiones en una. Dejando de un lado la broma, os recomiendo que la visiteis. La hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España siempre nos depara buenas sorpresas.

Como se indica en la propia página "Una de las revistas más populares y modernas del primer tercio del siglo veinte dedicadas al fotoperiodismo. Nace de una escisión de Nuevo mundo (1894-1913), tras la muerte de su fundador, José del Perojo (1852-1908),  por parte de Mariano Zavala (1865-1944), Francisco Verdugo Landi (1874-1959) y el fotógrafo José Demaría López (1870-1936), que firmaba como José López Campúa y José L. Campúa.

De periodicidad semanal (miércoles), de entre 36 y 48 páginas, con una portada, generalmente, a color, de una fotografía de estudio y orlada de actrices, actores, toreros o personajes célebres del momento. Incluye fotografías, caricaturas, viñetas humorísticas, artículos de costumbres, viajes, arte, moda, deportes, divulgación, política nacional e internacional, críticas de espectáculos, teatro y taurinas, noticias de actualidad y de sucesos, así como narraciones breves, textos en verso y charadas, dedicándole gran espacio a los anuncios publicitarios, entre estos una sección de anuncios telegráficos o por palabras."

domingo, 5 de noviembre de 2017

Archivo de la Biblioteca IX Marqués de la Encomienda



Para los que tengan dificultades con las búsquedas en Extremadura el Centro Cultural Santa Ana de la Universidad de Extremadura podréis acceder a su archivo microfilmado:



Foto de Almendralejo.es
De especial interés, y único en España, es el fondo microfilmado que permite, entre otros documentos, la consulta de  los archivos parroquiales de las Diócesis extremeñas, archivos de protocolo, visitas de Órdenes Militares, Más de 13.000 libros y una cuidada hemeroteca extremeña antigua. Este excepcional archivo es  fruto de una labor de Más de diez años de microfilmación llevada a cabo por la propia Biblioteca y cuenta con un  total de 8.000.000 de microfotografías, distribuidas en 13.000 microfichas y 5500 rollos de película.  Ya nos ireis contando si habeis tenido exito en vuestras búsquedas.


Recuperar la memoria de un Pueblo



Hacer genealogía es también descubrir y conocer las iglesias en donde nuestros antepasados fueron bautizados, se casaron y recibieron la última despedida. Esos edificios han pasado por muchas vicisitudes a lo largo de los años. En el caso de la iglesia de San Jorge de Santurtzi, un pavoroso incendio intencionado en 1932. Hace menos de un año nos sorprendió la noticia de que el tímpano carbonizado se conservaba almacenado en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Bizkaia.


Y unos cuantos santurtziarras, y además genealogistas, nos hemos propuesto devolverle algo de vida mediante su consolidación y posterior reproducción en 3D.

Entrada del blog Santurtzi Historian Zehar: Restauración del tímpano quemado de San Jorge, quemado en 1932




Investigación genealógica en Honduras

Hemos incluido en nuestra página de Webs y blogs de los Zumbados el blog de reciente creación Investigación Genealógica en Honduras a cargo de Roberto Álvarez Núñez, fundador de la organización sin ánimo de lucro, Sociedad de Investigaciones Genealógicas e Históricas de Honduras.

Rudimentos de GRAMPS (XI) y (XII)

Nueva actualización del tutorial de GRAMPS de Sergio Fisch, en este caso con las entregas XI y XII.

Rudimentos de GRAMPS